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El limoncillo de Bangkok
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La primera vez que probé una bebida con limoncillo de verdad fue en un puesto callejero de Bangkok, a las tres de la tarde, con 35 grados de calor y una humedad que hacía que todo se sintiera como nadar en sopa. No era una bebida elegante. Era un vaso de plástico con hielo picado y un líquido verde pálido.

Pero ese sorbo cambió todo lo que creía saber sobre las bebidas refrescantes.

El sabor que no conocía

En México conocemos el limón. Conocemos la hierba buena. Conocemos los cítricos en todas sus formas. Pero el limoncillo (lemongrass en inglés, ตะไคร้ en tailandés) es algo completamente diferente.

Es cítrico sin ser ácido. Es herbal sin ser amargo. Tiene un frescor que no viene del frío sino del sabor mismo. Es como si alguien hubiera destilado la esencia de un jardín tropical en una sola planta.

La búsqueda

Pasé los siguientes días buscando ese sabor en cada esquina de Bangkok. Lo encontré en sopas Tom Yum, en curries, en tés helados, en bebidas energéticas locales. Los tailandeses lo usan con la misma naturalidad con la que nosotros usamos el cilantro.

Pero la versión que más me marcó fue la más simple: tallos de limoncillo machacados, agua, un toque de miel de palma, hielo. Nada más. El ingrediente hablaba por sí mismo.

Traerlo a casa

Cuando volvimos a México, sabíamos que queríamos crear algo con ese sabor. El problema era que el limoncillo que encontrábamos aquí no tenía la misma intensidad. Estaba viejo, seco, sin vida.

Nos tomó meses encontrar un proveedor que cultivara limoncillo fresco de verdad. Tuvimos que convencer a agricultores en Veracruz de que valía la pena dedicar espacio a esta planta "exótica". Hicimos pruebas con diferentes métodos de extracción hasta encontrar el que capturaba ese frescor que recordábamos.

Esa Soda Limoncillo

Nuestra soda de limoncillo no intenta ser auténticamente tailandesa. No podría serlo; estamos en México, con agua diferente, con un clima diferente, con paladares diferentes. Pero sí intenta capturar esa sensación que tuve en Bangkok: el momento en que un sabor completamente nuevo te hace replantear todo lo que creías saber.

Cada lata lleva limoncillo cultivado en México, procesado para mantener su frescura, combinado con un toque de lima y jengibre que ancla el sabor en algo más familiar para nosotros.

No es una copia. Es una conversación entre dos culturas que comparten el mismo amor por los sabores intensos y refrescantes.

Lo que aprendimos

Bangkok nos enseñó que los mejores sabores a menudo están escondidos en puestos callejeros, no en restaurantes elegantes. Nos enseñó que la simplicidad no es lo opuesto a la sofisticación. Y nos enseñó que a veces hay que viajar muy lejos para encontrar algo que termine sintiéndose como en casa.

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